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Qué es para ti peregrinar?
Hacemos palabras como un niño en la bañera hace burbujas, pero vamos a darle sentido, a las palabras. Para los antiguos peregrinar era comprender el mundo como perecedero, o mejor dicho, apercibirse de la condición hunmana: el hombre es expulsado del origen, el Edén, y condenado a vagar por el mundo, es un “exiliado”, carece de casa, y anhela regresar al hogar. Y este hogar es tanto exterior e identificado geográficamente, como interior o simbolico, un estado del alma al que acceden los santos viajeros (por ejemplo, San Brandan, en Irlanda). Es lo que me parece que dicen los libros y recuerdo de ellos.
Y para mi un peregrino no es lo mismo que un viajero. La diferencia esta en lo que perseguimos, a lo que atendemos: el viajero busca las maravillas del mundo, momentos insolitos, culturas remotas, viejas catedrales o nuevas discotecas, no se apega al dinero pero precisa de él para gustar la inmensa variedad, y libres de prejuicios, se hermanan con la vida que ensancha sus portales, les muestra lo mejor de sus caudales, son puentes entre mundos, un dialogo vivo, vibrante entre los pueblos, les importan los países que visitan, y estan orgullosos de conocer sus gentes, aprenden su lenguaje, almacenan recuerdos y sabiduría que comparten con todos; en cambio el peregrino busca lo que no existe a los ojos del viajero, lo impensable, lo evidente, lo propio, la belleza, en la catedral de Reims o en la jardinera de un parque, en la salud y en el dolor persigue la belleza, y no precisa de nada para esto, su cuerpo solamente y aquella manera de pisar en el mundo expuesto a la pesadilla y al frio y al amor, sin contrato ni salario a pesar de los dueños de la vida persigue esta libertad extrema por necesidad, cuando una mirada es más importante que devorar manjares y flotar a placer sobre el cristal del mar precisa seguir, perseguir lo invisible, las huellas del silencio, caminar, andar todos los pasos del corazón… no busca un lugar, sino todos los lugares, tal vez una manera de amar en el mundo.
Y así, peregrino o viajero, un buen día sales de tu sofá y echas a andar, ves iglesias, castillos, paisajes que no olvidas fácilmente y tu alma se vacía de lo que dejaste atrás. Y ya solo quedan los fantasmas del pasado y las nuevas dudas del presente, pero escapaste de la inercia y cada paso, cada duda la llevas adelante con esfuerzo renovado, sin la inercia balsámica de lo conocido y sin telediario que te diga la vida.
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Urge peregrinar o viajar dos días, dos años o dos horas al albur de cualquier brisa que lave tu futuro previsible.
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