|
Quien nos iba a decir a nosotros, pedaleas, pedaleas y miras al otro lado de la carretra, aquello que nuestros ojos se encuetran es un alto, rubio y solitario caminante, curtido por el sol en el tiempo, con una vara de avellano en mano (ya desgastada), mochila a las espaldas y sonrisa agradecida al divisar un posible encuentro con otros peregrinos, en bici. Los tres nos acercamos a la cuneta que se encuentra en medio de la carretera, para saludarnos y establecer una parada más prolongada de conversación en la próxima estación de gasolina.
Una vez que escogemos una mesa para beber Chay, nos enteramos de su nombre, se llama Mikey, es de Inglaterra y nos damos cuenta que ayer por la tarde en Adana estuvimos hablando de Mikey(sin conocerlo), ya que Mikey decidió hacer este viaje de una forma muy particular. El dia de año nuevo hizo una promesa (las que solemos hacer , como cambio…) junto con un amigo y es realizar una peregrinación, teniendo sólo la vaga idea de ésta como aquello que se hacía en antiguos tiempos de cruzados. Sin entender mucho más se pusieron en marcha, comenzaron en Bélgica y a las pocas semanas su amigo tuvo que dejarlo y Mikey continuó, hasta el dia de hoy que se encuentra en tierras Sirias. Lo particular no es solo que sea la primera vez que se pone a caminar, si no que lo hace sin dinero. Parece imposible, pero nos cuenta que en Europa pasó (pasarían) algo de hambre, tuvo que buscar en la basura y finalmente su cuerpo se hizo cargo de conseguir energía acumulada en aquello que llamamos michelines, de los cuales Mikey mantiene un lejano recuerdo. Hungría, Rumania, Bulgaria fue más sencillo. Después tanto en Turkia como en Siria no hay problemas a la hora de buscar comida, la gente la ofrece, como hospitalidad al extranjero, como agradecimiento por compartir un rato de conversación y de vida con ellos. Y el pago de paso de las fronteras fue viento en popa, incluso consiguió el visado en la frontera Siria.
Cuando le preguntamos porque realizaba la peregrinación , después de 5 meses de caminar, aún no sabía la respuesta, pero sí nos contaba que toda esta experiencia le acercaba más a Dios, sintiendo que estaba con él. Ya sabes cuando necesito comer, encuentro la comida, cuando necesito dormir, encuentro el lugar donde dormir, los pequeños milagros del camino.
A partir de este encuentro, volvimos a compartir mesa con él en Iskendurun y le ayudamos con su espalda. Lo vimos de nuevo en Siria, cuando íbamos en la furgoneta de Maan (y paramos : le dijimos a Maan. "stop, stop, my friend..") y ahora estará llegando a Damasco como nosotros.
Esta idea del viaje a pie a Jerusalén sale el día de Año Nuevo 2009, como una proposición que se hace (como tantas que hacemos cada principio de año), nunca ha peregrinado, nunca un viaje tan largo, incluso piensa que puede llegar a durar dos años, pero salen y a veces uno tiene que regresar y otro a de seguir, tomar con alegría y coraje esta decisión, que no puede si no ser totalmente libre, presupone abrir tu cabeza y tu corazón a toda clase de gente, días, situaciones e ir cayendo en la cuenta de que sólo con lo que somos, con lo que llevamos puesto, la gente te recibe, y ves de una manera directa que te cuidan. Siempre y cuando agradezcas, sonrías, y te alegres por todo lo que hallas, aunque sea difícil.
Aquí tenemos a Mikey, de Inglaterra.

 |