| Lo que vivimos en Serbia |
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| Friday, 05 de December de 2008 | |
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El Serbio es amigo del extraño, y yo no se porque razón, ¿un pueplo aventurero tras los Balcanes bebe rakia y sus gitanos tocan durante días en el jolgorio de las bodas, señores que sueñan y mujeres que manejan tractores y abonan la tierra acogen al extranjero sin mandato divino porque aman su tierra, digo yo, y todo lo que se ama carece de límites y salta al otro sin pasaporte en regla; el serbio comparte y cualquier gringo es bueno para darle su pan. En el monasterio de San Nicolas, en Pokajnica, sus monjas no nos dan cama, no la tienen, pero esta monja seria que entre largos y asperos silencios se desborda en risa inopinada y compasiva del hábito negro saca unos dinares y señala un hotel con la otra mano. Cojemos los billetes por ellas y por nosotros pero es más que insuficiente para pagar el hotel y así la noche nos sorprende corriendo como gamos los kilómetros hasta un motel de algún lugar donde pagarnos la noche y descansar el frío. Ya en el monasterio de Milkovo sí nos ofrecen un lugar donde pasar dos noches en una vieja casa aledaña al monasterio. Tiraremos de leña todo el dia para partir el frio de la casa en una de esas estufas de leña ya olvidadas en España pero que en este pais aun campesino es moneda corriente: este calor artesano te entra en la carne como una buena novia. Al dia echamos una mano a las monjas con el jardín, hacemos un lecho con las hojas para un ternero recien nacido y otras faenas que las nueve monjas nos nombran con gestos y con gusto de compartir trabajo con alguien distinto de su soledad.
Y seguimos de monasterio en monasterio, tenemos suerte o la buscamos a golpe de pedal. En el de santo Tomas sólo hay tres monjas: Sara, Tecla e Isidora. La primera nos atiende como una niña con amigos nuevos. Remontamos con ella unas colinas por mostrarnos sus vistas y habla con Pilar hasta entrada la noche. Es un monasterio en construcción, sustituye a un antiguo monasterio de madera que ardio por un despiste imperdonable, dice Sara, y ahora es de piedra y flores y su color el rojo que contrasta con el verde y con el pardo otoñal de los bosques que guardan este santuario a la vera del rio. Nuestra próxima casa no será un monasterio sino una mujer, Danitsa, la encontramos en el monasterio y nos invita a su casa, en un pueblo cercano, dentro de nuestra ruta a Jerusalem … Danitsa es un ángel divorciado hace años que quiere ser monja cuando sea mayor (su hija de 14 años). Y así con ella y Maya, su amiga, y Ana, su hija pasamos la velada y bromeamos hasta las 12 h., es tarde, mañana trabajamos, digo pedaleamos, nos vamos a Nis. Nis es una de las pocas ciudades atractivas a la vista que hemos conocida en Serbia. Es una gran ciudad de 400.000 habitantes al sur oeste de Serbia, ya cercana a la frontera bulgara. Aquí pasaremos unos días para después continuar hacia un monasterio cerca de Pirot, al que llegamos acosados por la noche que se nos echa encima, y ya entrados montaña adentro, entre zarzamoras y abrozos descubrimos que tan sólo una iglesia en ruinas; hay que regresar y buscar un motel donde lo haya. Afortunadamente hay uno en el pueblo cercano, un motel semicerrado por el invierno pero contactamos finalmente con su dueña y pasamos la noche. El dia siguiente seguimos por el estrecho corredor entre montañas que conduce a la frontera con Bulgaria. Bulgaria, será nuestra ultima etapa este año. Atestada de monasterios en nuestra ruta no encontramos ninguno, todos se levantan en las montañas. Recorremos el pais, sin pena ni gloria, de hotel en hotel hasta decidir nuestra vuelta con más pena que gloria pero decididos a continuar ruta en verano… |
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| Modificado el ( Friday, 05 de December de 2008 ) |
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