| A Tomás, mi hermano |
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| Tuesday, 16 de June de 2009 | |
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Tu siempre jugabas, era tu manera de acercarte a nosotros, y no es verdad no fuiste siempre un niño, las puertas al mundo eran tus juegos, tus juegos tu manera de querer. Por eso y mucho más amaste a los que más querías, a Manel, y a Catina, y a Teresa, tus niños, con sus pequeños juegos.
Te gustaban los cuentos de Chejov, y “La montaña mágica” fue el mejor libro que nunca has leído, dijiste. Libros, los libros que escogemos y admiramos dejan huellas de lo que somos. Cuidabas con celo y casi magia grabados de Fortuny, una edición de los “Caprichos” de Goya, un “Quijote” ilustrado por Gustve Doré. Teníamos que cerrar los ojos como dos platos bobos para defendernos de tus tesoros hondos como el tiempo, que sólo por pudor nos enseñabas con vanidad infantil.
A la sombra de un libro desde un sillón orejero quisiste vivir sin florecer, y fue bueno hasta entonces, nada sobra, pero faltaba lo mejor cuando el sol entró en tu cuarto inglés y supo despertarte de aquel sueño, para abrirle los ojos a la noche, a nuestra noche, necesitábamos tu luz. Cuando ella te dejó me llamaste desolado por la luz. Todo el que no muere, al menos una vez en la vida, es como una iglesia sin bendecir, dijo el poeta, y en lugar de un cuchillo compraste orquídeas y alegrías, cada día las regabas y te crecía el corazón hasta mojarnos a todos. Tu afición era escribir relatos que leías en tertulias como a otros escuchabas, o dormías según la habilidad del escribiente, y así tejiste rituales, alegría y al cabo alguna amistad.
En tu jardín colocaste una farola del color de la luna, unos bancos y plantaste rosas. Las cuidabas cada día y te nació Pilar en el corazón, y con ella naciste tu también porque al fin fuiste amado. Pilar es clara como el trigo, la llamaste Pilarín porque tu amor era grande. Echasteis juntos a soñar, contasteis los quejidos, el camino hasta el amor, escuchasteis como nadie pudo oíros, conocisteis la vida tal cual era, y al cabo abriste puertas y ventanas para que todos entrásemos en tu vida y tu casa. Saltaban Catina o Teresa en los colchenes, Manel se divertía con tus chistes de escándalo, Pilarín era feliz, y tu rostro ardía cuando volvíamos a Burgos cada vez con más verdad.
Y un día en Londres nos dejaste sordos de dolor y a solas con la luz desprendida de tu ausencia. Nos dejaste cojos y ahora caminamos con las muletas de todas las vidas que encendiste antes de morir. Pilarín, mama, tus dos mujeres, papa, Javi, Isabel, , Menchu, Irene, tu amiga siempre, Quique, Pilar, Richar, el pueblo de Villacienzo, tu casa, Manel y Teresita, tus hijos en el alma, Catina, Catina… y tantos otros que damos testimonio de tí, Tomás, tu que tanto nos dejas, me faltas Tomás, me faltas, pero tu vida no fue en vano, no fue en vano…
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| Modificado el ( Tuesday, 16 de June de 2009 ) |
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