| ALCALANDRE (La Rioja) – Luna (Zaragoza) |
|
|
|
| Saturday, 09 de August de 2008 | |
|
ALCALANDRE ( Pasado Lodosa, nos dirigmos hacia Carcar, tierra donde se cultivan los mejo res espárragos y los pimientos de piquillo, y llegamos al Monasterio de
Nos acogen en el monasterio de Después asistimos a completas, última oración del día en este monasterio cisterciense, donde admiramos sus cánticos, descubriendo lo sagrado que guardan con celo estos 17 monjes en un hermoso paraje: sus voces hondas y suaves revelan una noticia oscura que ninguna cámara podría captar. Y finalmente nos acojen, no sólo para un día si no dos , para descansar y poder recuperar tiempo y energía necesaria que nos ayudará a continuar.
En este tiempo nos da tiempo a compartir experiencias con la gente que se aloja en la hospedería, y hablar con algunos monjes, mostrandonos su lado más humano y la sabiduría que el caer del tiempo ha dejado en ellos: el padre Francisco hospitalero del monasterio , y anterior Abad del mismo, sincero, sencillo, siempre cordial, trabajador incansable, como todos ellos, está muy presente en estos días. Asi como el padre Gregorio, encargado de a cultivado y gran conocedor de la vida , encargado ahora de la tienda del monasterio, se demora contandonos sus experiecias.
El monasterio de
Contentos de haber pasado dos días con ellos nos despedimos y seguimos rumbo a Ejea de los Caballeros, entramos en la provincia de Zaragoza y dejando atrás las Bárdenas Reales, parque natural que se extiende en una serie de pueblos llamados “las cinco villas”(son muchos más pueblos).
Y volvemos al cambio, el clima, el acento, las gentes ya se tranforman, cobran a cada paso su propio caracter. Notamos de nuevo el peso del calor con fuerza, y continuamos buscando la hospitalidad del santuario nuestra Señora de Monlora, lugar que descubrimos gracias a una guía turísica en Ejea de los Caballeros. Nuestra dirección es un pueblo llamado Luna, y en la cima de un otero se encuentra el monasterio de Nuestra Señora de Monlora, por lo que decidimos llamar al Santuario de para saber si podrían darnos cobijo, pero esta vez no nos dieron acojida, al menos no escalamos los
De modo que la cosa no pintaba bien, hasta que al fin localizamos al alguacil del pueplo, que nos indicó donde nos permitian poner la tienda, en la piscina. Y cual sería nuestra sorpresa al ver que la piscina estaba cerrada!... Y ya volovíamos buscando otra solución (buscar un prado sin cultivar) cuando apareció en su coche Santiago, el alcalde para decirnos: “¿Venis a cenar?” y esto si que no lo esperábamos ya, Santiago, su mujer Ana y sus dos hijos. Y no sólo fue la cena , sino la cama y el aseo, y el amor por la naturaleza que compartíamos, lo que convirtió la velada en un regalo inesperado, como encontrarnos con un viejo amigo.
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|


